jueves, 15 de mayo de 2014

El mundo del olvido (si es que se puede olvidar algo que no se conoce).

 Sobre aquel suelo de mármol frío y duro reposaban ella y las pocas fuerzas que le quedaban.
 Lucía su cadena de eslabones plateados de siempre, colgada de aquel negro pantalón con más rotos que tela, a juego con su cinturón de cuadros preferido que asemejaba un tablero de ajedrez mal construido. Unas simples Vans amarillas combinadas con un pañuelo del mismo color en la cabeza, y una camiseta negra de tirantes con una frase que es mejor no escribir.
El frío empezó a poder con ella pero, lentamente, consiguió apoyarse sobre sus pequeñas y delicadas manos para levantarse e ir a un lugar donde las espadas no se le clavaran tan profundamente. El dolor ya era algo evidente.
 Volvió a agacharse, una vez allí, para acomodarse junto a aquel radiador medio encendido, medio aturdido, después de haberse recorrido medio edificio andando como si tuviera que hacerlo, pero sin ninguna gana. Se iba tambaleando, como si en cualquier momento fuera a caerse desmayada. Llevaba los ojos entreabiertos por no querer observar la cruda entera realidad, como si ya le bastara con las tinieblas de la parte que sí veía.
 Los finales de los dedos que asomaban tras esos mitones de rayas blancas y negras (que como poco le llegaban hasta los codos) se acercaban cuidadosamente y buscaban calor tras esas barras de metal. Los brazos, aun resguardados con los mitones, estaban desprovistos de sudadera o cualquier forma de mantener el calor en el cuerpo, y mostraban su disconformidad erizándose, lo que le incomodaba enormemente. Como si no fuera suficiente, el frío se fue haciendo paso entre los huecos del pantalón, y acabó llegándole hasta las más profundas entrañas, haciendo que soltara un taco seguido de otros cuantos más.
 Como acto reflejo, usó la palma del mitón para limpiarse las pequeñas lágrimas que le caían del ojo derecho, pero lo hizo con cuidado de que la poca raya que le quedaba aún en su sitio no empezara otro baile de difusión por los contornos del ojo. Sorbió y, mirando para el techo, repitió la acción del mitón derecho, pero con el ojo izquierdo.

 No la entendían. No entendían nada. Tampoco es que ella hiciera nada para que la entendieran, y a saber por qué. Puede que fuera porque quería que su mundo, con lo bueno y lo malo, siguiera siendo SU mundo. O puede que pensara que a la gente no le interesan sus problemas. Quién sabe... No lo sabe ni ella... Si, cierto... "Hay que desengañarse y luchar contra los problemas". Claro, qué fácil de decir, pero qué difícil de conseguir. Puede que fuera esa otra de las razones por las que el conseguirlo se convirtió en una meta inalcanzable para ella y para esas pocas fuerzas que en esa noche habían decidido acompañarla.

Ascot.