viernes, 25 de abril de 2014

Depresión precumpleaños.

 25 de abril de 2014:
 Y parece ayer cuando vi a mi hermano cumplir 10 años y me pareció impresionante que ya tuviera "dos cifras" de edad... O cuando cunplió 13 y pensé que tenía que cuidarle muchísimo por si la mala suerte le acosaba... O cuando yo cumplí los 13, y empecé a pensar que tenía que cuidarme a mi misma...
 Me acuerdo de cuando vino mi mejor amiga al mundo, y como fui a recogerla a la perrera y aún me cabía en una mano, y me sobraba mano... Cómo ha estado en mis peores momentos, y en los mejores, y cómo sigue estándolo después de todo. Parece ayer, y ya hace 9 años de ello...
 Recuerdo cuando mi padre cumplió 46, y toda la familia estaba eufórica porque vivía el número de Rossi, conmemorándolo con una camiseta verde con su nombre y su número...
Y cuando pensé que era muchísimo llevarme 8 años con mi prima cuando nació (y más los 13 que se llevaba mi hermano con ella), y ahora que me llevo 13 y 15 con mis hermanas... Madre mía...

Y pensar que hace nada era esa canija, que no quería quitar la sillita del coche, aunque ya no le cupiera el culo en ella, sólo porque no quería crecer... Aquel mico que no quiso quitar la "cocinita" de su cuarto de juguetes (ahora cuarto de estudio...) hasta que tuvo casi 12 años... Ese mini ser humano que estuvo con la casita de muñecas que le hizo su madre hasta los 15 años en su dormitorio cogiendo polvo sólo porque le parecía parte de ella, de su infancia, de su historia... Y aquel monstruo que sigue con 20.000 peluches en sus baldas, y orgullosa de ello.

 Parece ayer cuando daba vueltas a la piscina con el recogebichos en la mano cual varita mágica (que mi memoria alcance, rompí más de siete), en mi mundo de fantasía, en el que yo reinaba, en el que yo mandaba, donde todo era tal y como yo lo deseaba. Aquel mundo donde me sentía en casa... Ese mundo que formó parte de mi y de mis veranos 11 años consecutivos... Ese mundo que no abandonaba ni cuando iba a la playa, si no que allí seguía la aventura.. Aquel mundo por el que mi madre me preguntó tantas veces si hablaba sola y yo, con una sonrisa de oreja a oreja y, con gran honra, le respondía que sí.

 Y también parece ayer cuando me monté por primera vez en una moto, con mi familia entera mordiéndose las uñas, y yo con la baba colgando y la brisa dejándome cara de drogada feliz... Pero también parece ayer cuando me estampé la primera vez que monté en bici, porque a mi padre se le olvidó enseñarme a frenar, y yo en segundos le cogí tanto cariño a un árbol que no se me ocurrió otra cosa que ir a abrazarlo... Cuesta abajo...

 Y aún tengo un vago recuerdo de esas Nocheviejas con 38.000 primos metidos en un piso de 30 metros cuadrados, con más serpentinas en el suelo de las que jamás se pueda imaginar... Madre mía, parecían las dunas del Sahara... Y de esos huevos de la abuela por Nochebuena que aún, y menos mal, siguen rememorando las Navidades, junto con ese cordero que llevo diciendo desde los 11 años que no quiero, pero mi voz parece no importatrle a nadie... Redondo... Era redondo relleno...

 Todos esos recuerdos; 18 años hace ya... Y parecen ayer.
 Sólo diré una cosa. Joder Mike...

Ascot. 

sábado, 12 de abril de 2014

Te quiero y te odio.

 Y me senté allí. En esa habitación en la que podía distinguir figuras gracias a unos pocos rayos de luz que conseguían colarse por las rendijas de aquella persiana entreabierta.
 La cama estaba deshecha, pero me dio un poco igual. Conseguí acomodarme en ella, apoyando mi espalda en esa incómoda pared rugosa. Mirando al techo, y con las manos haciendo fuerza contra la cama, lancé un leve y suave suspiro, que sirvió para despertarme, respirar hondo, y moverme vagamente estirando el brazo para alcanzar mi tesoro.
 Me puse aquellos cascos blancos con cuidado, intentando fijarlos a la primera a la forma de mi oreja, y los conecté. Inmediatamente la música empezó a sonar. Mis ojos se cerraban a la par que mis oídos se abrían. Escuchaban la letra, intentando entenderla y la identificaban conmigo, como si de una biografía se tratase.
 Aun con los ojos cerrados, yo seguía viendo. Veía imágenes que se me cruzaban estrepitosamente, recuerdos...
Quizás ese haya sido mi problema...

 Vivir de los recuerdos. Enamorarme de ellos. Vivir por y para ellos. Quizás mi problema haya sido no darme cuenta antes de ello, y vivir condicionada y dependiente. No deseo esto a nadie.
 Ahora bien, si realmente se puede vivir, y se vive, enamorado de un recuerdo, ¿Se puede vivir también odiando una añoranza? Desgraciadamente. Es el llamado "te quiero y te odio". El querer algo por sentirte atado a ello, pero odiarlo porque ya no está, o por haber dejado de existir. Maldita situación impotente en la que me encuentro...

 Apagué la música. No pude seguir escuchando. Una minúscula lágrima me caía del ojo izquierdo. Fue entonces cuando decidí cambiarlo, y decidí ser yo la propia dueña de mi vida. Decidí darme cuenta de las cosas, y afrontarlas. Porque nadie lo puede hacer por ti. Sí, es verdad, pueden aconsejarte, pero no obligarte a actuar acorde a sus opiniones.
 Ojalá todos aquellos que quieran y odien como yo, puedan volver a sonreír de verdad. Porque el "te quiero y te odio" tan extendido,  destroza la vida a algunos inocentes, mientras que a otros se la va engrandeciendo, haciéndoles pensar que son más que cualquier otro al que han pisoteado descaradamente y al que volverían a pisotear una y otra vez.

Me acurruqué junto a mi iPod, y al final, entre pitos y flautas, me acabé durmiendo, en ese cuarto lleno de melancolía, nostalgia, miedo y debilidad, que tanto mal me hicieron hasta mi retorno a la libertad.

Ascot.