La cama estaba deshecha, pero me dio un poco igual. Conseguí acomodarme en ella, apoyando mi espalda en esa incómoda pared rugosa. Mirando al techo, y con las manos haciendo fuerza contra la cama, lancé un leve y suave suspiro, que sirvió para despertarme, respirar hondo, y moverme vagamente estirando el brazo para alcanzar mi tesoro.
Me puse aquellos cascos blancos con cuidado, intentando fijarlos a la primera a la forma de mi oreja, y los conecté. Inmediatamente la música empezó a sonar. Mis ojos se cerraban a la par que mis oídos se abrían. Escuchaban la letra, intentando entenderla y la identificaban conmigo, como si de una biografía se tratase.
Aun con los ojos cerrados, yo seguía viendo. Veía imágenes que se me cruzaban estrepitosamente, recuerdos...
Quizás ese haya sido mi problema...
Vivir de los recuerdos. Enamorarme de ellos. Vivir por y para ellos. Quizás mi problema haya sido no darme cuenta antes de ello, y vivir condicionada y dependiente. No deseo esto a nadie.
Ahora bien, si realmente se puede vivir, y se vive, enamorado de un recuerdo, ¿Se puede vivir también odiando una añoranza? Desgraciadamente. Es el llamado "te quiero y te odio". El querer algo por sentirte atado a ello, pero odiarlo porque ya no está, o por haber dejado de existir. Maldita situación impotente en la que me encuentro...
Apagué la música. No pude seguir escuchando. Una minúscula lágrima me caía del ojo izquierdo. Fue entonces cuando decidí cambiarlo, y decidí ser yo la propia dueña de mi vida. Decidí darme cuenta de las cosas, y afrontarlas. Porque nadie lo puede hacer por ti. Sí, es verdad, pueden aconsejarte, pero no obligarte a actuar acorde a sus opiniones.
Ojalá todos aquellos que quieran y odien como yo, puedan volver a sonreír de verdad. Porque el "te quiero y te odio" tan extendido, destroza la vida a algunos inocentes, mientras que a otros se la va engrandeciendo, haciéndoles pensar que son más que cualquier otro al que han pisoteado descaradamente y al que volverían a pisotear una y otra vez.
Me acurruqué junto a mi iPod, y al final, entre pitos y flautas, me acabé durmiendo, en ese cuarto lleno de melancolía, nostalgia, miedo y debilidad, que tanto mal me hicieron hasta mi retorno a la libertad.
Ascot.