jueves, 25 de abril de 2013

Disfrutando de la vida.

 Recuerdos.
 Sensaciones.
 Memorias.

 Perderse. Dejar todo fluir, la imaginación volar, sin nada de que preocuparse, únicamente dejar que afecte ese particular aroma de los árboles en época veraniega, ese revoloteo de pájaros en el cielo buscando un lugar a donde ir... un hogar...
 Esa sensación de la hierba en tu espalda mientras disfrutas de su tacto, acariciándola lentamente con la palma de tu mano, y arrancando disimuladamente algunos trozos de cuando en cuando.
 Escuchas. Puedes apreciar el piar de las aves, o el sonido del viento acechando sobre tu melena, que acaba despeinada, posándose de cualquier manera en tu cara.
 El viento empieza a acariciar también suavemente tus piernas, que se han dejado ver tras el largo invierno, y ahora disfrutan del calor del sol.
Tus brazos, apoyados sobre tu rostro, intentan desviar la luz del sol, aunque sin resultado deseado.
 Miras tranquilamente la hora. Aún tienes tiempo. Aún puedes disfrutar un poco más de ese paisaje mágico, de ese lugar que, desde pequeña, te ha hecho soñar. Que te trae tantos recuerdos a la memoria, y te hace sentir tanto. Vivir tanto.
 El viento empieza a aumentar, y tu camiseta de tirantes parece querer marcharse. La sujetas con fuerza mientras te atas uno de los cordones del zapato, que se ha desabrochado misteriosamente. Te levantas, mirando al cielo, disfrutando de las nubes; sus formas, sus significados, para cada uno distintos...
 Alcanzas tu chaqueta fina de color azul celeste tirada ahí en un trozo del suelo en el que no ha crecido césped, y comienzas a andar sin ir a ninguna parte. Sin causa. Sin consecuencia. Sin destino.
 Sin saber.
 Pero te giras, te giras y vuelves a mirar a ese lugar tan fantástico, que te ha marcado desde pequeña. Sonríes, e imágenes de una niña alocada e inconsciente brotan de tu memoria. Esa niña que un día dijo: "El amor es un asco" o quizás "Los besos son de niños mayores". Esa niña de la que ahora te ríes, pero que llevas dentro. Esa niña que, sin quererlo, te enseñó tantas cosas. Esa niña ... tú.
 Tus pasos cada vez se oyen más fuerte. Ya no te giras. Ya eso está atrás. Ya ha pasado, ya has crecido.  Ya no piensas que el amor sea un asco, o que los besos sean de niños mayores, porque tú eres uno de ellos.
 Miradas con real sentimiento resaltan en tu rostro, mientras introduces tus manos en los bolsillos, ligeramente miedosas, y, cabizbaja, sigues andando entre los pasillo que han dejado ver las tan extrañas formas de los árboles. Disfrutando de aquella tarde, de la soledad y la tranquilidad de un sitio tan mágico..  de tu sitio. Disfrutando de lo que siempre has sido tú.
 Disfrutando de la vida.


Ascot.
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