sábado, 12 de abril de 2014

Te quiero y te odio.

 Y me senté allí. En esa habitación en la que podía distinguir figuras gracias a unos pocos rayos de luz que conseguían colarse por las rendijas de aquella persiana entreabierta.
 La cama estaba deshecha, pero me dio un poco igual. Conseguí acomodarme en ella, apoyando mi espalda en esa incómoda pared rugosa. Mirando al techo, y con las manos haciendo fuerza contra la cama, lancé un leve y suave suspiro, que sirvió para despertarme, respirar hondo, y moverme vagamente estirando el brazo para alcanzar mi tesoro.
 Me puse aquellos cascos blancos con cuidado, intentando fijarlos a la primera a la forma de mi oreja, y los conecté. Inmediatamente la música empezó a sonar. Mis ojos se cerraban a la par que mis oídos se abrían. Escuchaban la letra, intentando entenderla y la identificaban conmigo, como si de una biografía se tratase.
 Aun con los ojos cerrados, yo seguía viendo. Veía imágenes que se me cruzaban estrepitosamente, recuerdos...
Quizás ese haya sido mi problema...

 Vivir de los recuerdos. Enamorarme de ellos. Vivir por y para ellos. Quizás mi problema haya sido no darme cuenta antes de ello, y vivir condicionada y dependiente. No deseo esto a nadie.
 Ahora bien, si realmente se puede vivir, y se vive, enamorado de un recuerdo, ¿Se puede vivir también odiando una añoranza? Desgraciadamente. Es el llamado "te quiero y te odio". El querer algo por sentirte atado a ello, pero odiarlo porque ya no está, o por haber dejado de existir. Maldita situación impotente en la que me encuentro...

 Apagué la música. No pude seguir escuchando. Una minúscula lágrima me caía del ojo izquierdo. Fue entonces cuando decidí cambiarlo, y decidí ser yo la propia dueña de mi vida. Decidí darme cuenta de las cosas, y afrontarlas. Porque nadie lo puede hacer por ti. Sí, es verdad, pueden aconsejarte, pero no obligarte a actuar acorde a sus opiniones.
 Ojalá todos aquellos que quieran y odien como yo, puedan volver a sonreír de verdad. Porque el "te quiero y te odio" tan extendido,  destroza la vida a algunos inocentes, mientras que a otros se la va engrandeciendo, haciéndoles pensar que son más que cualquier otro al que han pisoteado descaradamente y al que volverían a pisotear una y otra vez.

Me acurruqué junto a mi iPod, y al final, entre pitos y flautas, me acabé durmiendo, en ese cuarto lleno de melancolía, nostalgia, miedo y debilidad, que tanto mal me hicieron hasta mi retorno a la libertad.

Ascot.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Un continuo devenir.

 No sé si creerme todo esto; si creerme que he vuelto a ser yo o que nunca dejé de serlo. Si creerme lo que estoy viviendo, o lo que me estoy perdiendo.
 No sé en qué pensar ahora mismo más que en que algo en mí está cambiando. Pero no tiene por qué ser para mal, simplemente está cambiando, y me está haciendo pensar de otras maneras. Pensar en la yo de antes que decía que no cambiaría por nadie, que ella era como era y que le aceptaran como tal.
 Puede que sí haya cambiado un poco en términos de eso, pero jamás conscientemente. Puede que haya cambiado, pero puede que haya sido para bien, que ese pensamiento tan radical que tenía tuviera que suavizarse hasta donde está hoy día. Porque esa idea sigue ahí, y el no querer cambiar por nadie ni ir a hacerlo también perdura, pero puede que fuera demasiado extremista.
 Puede que haya necesitado esto; haber tenido que crecer en otros aires, y ahora volver a mis brisas de siempre.
 Quizás... Sólo quizás... Haya sido para darme cuenta de lo mucho que valgo, y de que no tengo que dejar que nada me haga caer... Incluso, si excavo más, quizás haya sido para valorarme, y que quizás no haya cambiado, si no madurado... Es así como lo llaman ahora, ¿no? Madurar... Qué palabra más rara... No me veo en condiciones de entenderla...
 
 De momento, yo sólo sé que esa niña de antes, ese yo con la mente tan dura donde nadie metía una idea que ella no quisiera, se esfumó en su momento, pero en cualquier otro puede volver. Y puede que le salude, o puede que le trate como a una auténtica desconocida... Si le saludo, volveré a ser como ella, porque me conozco; como esa persona que tanta gente me ha preguntado ya que dónde está, y que qué ha pasado con ella.
 Si pasa y ni nos inmutamos ninguna de las dos, es que las cosas realmente tienen que quedarse así, y que ésta soy la verdadera yo. Y la que tiene que ser.

 No sé nada, sólo que el futuro proveerá, y que, de momento, no está yendo tan mal. Me gusta vivir de lo que me espera, sin saberlo, vivir lo que se me ponga por delante. Pero eso a veces asusta. Y yo ahora estoy asustada. No por lo que pueda pasar y cómo pueda acabar yo, si no por no saberlo... Ésta es la primera vez que me asusta el futuro, un futuro que no conozco. Pero, como ya he dicho, vivo de la vida, y no pienso dejar que me afecten los cambios. La vida tiene tantos que si dejáramos que todos nos afectaran estaríamos en una esquina deprimidos las 24 horas del día. Y yo ya me he cansado de depresiones.
 Ahora es el mejor momento para aceptarlos. Aceptar que la vida es un continuo devenir, y que cambia tanto de rumbo que puede que en algún momento llegues a dar una vuelta entera y te encuentres en el mismo punto que tiempo atrás. Y es entonces cuando te empezarás a preguntar quién eres y cómo has llegado hasta ahí.


Ascot.

miércoles, 1 de enero de 2014

Capítulo 1: Introducción.

 Hay libros y libros.
 Están los aptos para todos los públicos, y luego los censurados. Los hay también aburridos y otros pueden ser fantásticos, pero, sobre todo, los hay sinceros, detallistas, y que buscan emocionar, desahogarse y recordar. Y no olvidar.

 Este libro no es como todos esos. Este libro sólo es legible por unos pocos. Por esos capaces de entender que la vida es complicada para todos, y que cada uno tiene su historia. Y que ésta es la mía.

 Repleta de cosas buenas, pero también de depresiones y tristezas. Llena de momentos irrepetibles y momentos que no quiero repetir, pero, sobre todas estas cosas, este libro soy yo, y es mi historia.

Empezamos un nuevo año, y, con ello, un nuevo libro. Espero lo disfruten.
2014, veamos que sorpresas nos traes.

 Ascot.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Respeto.

 No sé en qué mundo vivo. Ni por qué vivo en él.
 Mundo en el que nadie me entiende y todo el mundo critica todo lo que hago. En el que critican mi forma de pensar y mis amigos.
 Me dan pena. Me da pena esa gente, porque no saben nada. Viven en lo superficial  y viven en lo que ven, y se quedan en lo de fuera. Es patético.
 Puta sociedad. Maldita gente insolente e inculta. Si haces algo una vez, ya lo haces siempre, y ya está mal hecho. No sé, pero estoy harta de este mundo de irrespetuosos que ni se molestan en entender tu punto de vista, y, si se interesan por él, únicamente es para remeter más contra ti y tus creencias.

 Te hacen preguntas incómodas con tono irónico, y te responden a ellas de la misma manera. Sólo para molestar, y para que te metas en la pelea corrigiéndoles con lo que tú crees. Y entonces, es cuando ellos se empiezan a reír, diciéndote que si no ves que lo que dices no tiene sentido, o que si realmente piensas esas cosas, y que te manipulan y te lavan el cerebro. Y luego viene el tema de los amigos. Esas "malas influencias" que sólo te malcrían y que son malas para ti, o no van contigo por lo que tú crees, si no con otro fin. Esas personas que no es normal que sean amigos tuyos. Sigue pareciéndome patético.

 Pero yo no me enervo, ni me inmuto. Hace mucho tiempo que aprendí ya a hacer oídos sordos a estas personas que sólo te quieren hacer daño. Si quieren verme sufrir con sus comentarios, no lo van a conseguir. Yo no voy a imponer a nadie mis ideologías y, por la misma razón, ellos deberían hacer lo mismo. Se llama respeto.
 Si quieren hablar, intentar una batalla y ganarla, conmigo la llevan clara, porque no pienso darles baza. Critícame, ponme adjetivos, insúltame, hazme preguntas, esas puyitas para "intentar que te convenzca", pero daño no me harás. Me enseñaron hace tiempo ya que hay gente que simplemente no merece la pena, con la que no merece la pena perder tu tiempo.

 Yo sólo pido una cosa, y es respeto. Respeto a la gente que es diferente a ti, y que te respeta y tú no haces lo mismo. Yo no tengo que darle explicaciones a nadie sobre lo que creo o dejo de creer, y menos voy a intentar imponerlo a la fuerza, como muchos de vosotros. Yo estoy encantada de mantener un diálogo con cualquiera de vosotros, pero desde el respeto y la humildad. Si no, ni lo intentes, no conseguirás nada por mi parte.


 Ascot.